Uno de los colegios más caros de Chile, el Mariano de Schoenstatt.

Actualizado: 23 de dic de 2019

Hace un par de años, me vi en la horrorosa y tediosa misión de tener que buscar colegio para mi hija que ingresaba en ese entonces a Primero Básico. Como la educación en Chile es un bien de consumo que está sesgado, no solo por el nivel adquisitivo de cada persona, sino por el nivel socioeconómico implícito, y por ello, en la cantidad de contactos que tengas en tu red social, hoy en día uno no solo tiene tratar de buscar un colegio relativamente cerca, sino que además tenemos que ver qué colegio es mejor en términos educativos, ver si lo puedes pagar (prioritario), y en menor grado, ver si tienes alguna concordancia con los valores y el plan educativo del establecimiento. En este tour por Macul, La Florida, Peñalolén y Ñuñoa, di con tres o cuatro colegios que cumplian estos requisitos básicos, pero la verdadera sorpresa fue el Colegio Mariano de Schoenstatt, una humilde escuelita alemana para niñas heterosexuales, anglosajonas, conservadoras, católicas, castas y puras.

Luego de inscribir a mi hija en al menos 3 colegios del orden de los 20 a 30 mil pesos mensuales (más vale asegurarse), quise aventurarme un poco más allá, quise no ser yo por un momento, y tratar de explorar las comunas aledañas a las ya antes mencionadas.

La entrada de esta escuelita está ubicada a unos pasos de la avenida Los Leones. Por fuera, es un colegio común y silvestre, no llama mucho la atención. La verdad, en términos estéticos es bastante “normal”. No tiene esa impronta alemana que esperaba encontrar. Hay ciertos toques en los edificios principales, pero ninguna locura. Salvo la cancha, que es como lo más decente y llamativo, el resto es absolutamente austero.

El día anterior (precavido), llamé para asegurarme de los horarios de atención y detalles de protocolo que quizás pudieran haber hecho un puente entre yo y la ingeniería administrativa germana.

Después de las consultas de rigor y el intercambio de información respectivo, la señora que me atendió con una suave y prístina voz de abuelita de cuentos, me dijo antes de despedirse:

– Está en nuestro Dios, entonces, que ojalá su niñita pueda quedar en nuestro colegio, y ser parte de esta hermosa obra educativa de nuestro Señor.

(¿Qué hueá’ le digo después de eso? ¿Amén?)

–Ojalá, y muchas gracias, por la información. –Hasta pronto, y que la gracia de nuestro Señor Jesús, vaya con usted siempre.

Y cortó tan suavemente que casi no noté en que momento dejó de hablar y se fue la comunicación.

Igual, como uno viene de colegio católico, ese tipo de diálogos no te espanta. Es más, en mi caso, me sentí bastante como “en casa”, a pesar de todo lo siútico y casi atemporal que fue la conversación telefónica.

Llegué al colegio.

A la entrada había un lienzo que decía “Der Mensch als Kind Gottes ist eine einzigartige, persönliche und freie Kreatur” (mi alemán no es muy bueno, pero pregunté lo que decía y era: "El hombre, como hijo de Dios, es una criatura única, personal y libre”). Toqué el citófono. Se abrió la puerta, entré, y –debido a la conversación telefónica del día anterior– pensé que me iba a salir a abrir la puerta un ángel. Pero no, salió un tipo normal. El clásico viejo vestido de azul atiborrado de llaves. Le expliqué a lo que venía. Y cuando pensé que me iba a pedir el certificado de antecedentes, me invitó a pasar amablemente, dándome las indicaciones de cómo llegar a la oficina de admisión. Previamente había ido a dos colegios de Macul, y ahí uno dejaba los papeles prácticamente en la portería y listo. Acá no, era más personalizado. A los alemanes les gusta saborear al enemigo.

Llegué al edificio, entré, y en la oficina había una pequeña fila de no más de 3 o 4 mamás ultra cuicas, quienes en distinto orden, me dirigieron varias miradas, indescifrables todas; “¿Será el nuevo joven del aseo?”, “¿Nativos?”, “No me llegó la circular sobre inclusión racial”, “¿Juega Colo-Colo?, etc.

Entré y ahí me recibió una ancianita muy amorosa. Di por hecho que era la misma voz detrás de la llamada del día anterior. Rechonchita, rosada, arrugada y canosa. Como el hada de Blanca Nieves pero sin alas.

–Eva –me dijo (pronunciándolo como “ífa”), mientras me extendía la mano–, mucho gusto. Pase y tome asiento, por favor.

“Ífa”.

Me pasé el rollo de que ella era Eva Braun hoy, quien junto al Führer habían escapado de Alemania pasando por un rápido proceso de chilenzación; luego, después de varios años viviendo en en nuestro país (a unos kilómetros de Puerto Varas), Eva, harta de él, de sus Strudels con longaniza, sus constantes borracheras y de sus interminables carreras ilegales de pastores alemanes que no la dejaban dormir a ninguna hora, decidió escapar. En 1962 llegó a Santiago e ingresó al santuario de Schoenstatt, se hizo monja, y ahora con 104 años de edad llevaba más de 30 años siendo la encargada de Admisión del Colegio.

Puede ser. Chile es un país ideal para proteger asesinos y violadores de los DDHH.

No hubo preguntas de índole personal. Recibió feliz la primera ronda de papeles, y en contraparte me entregó un pequeño informativo en el cual venía expresa toda la información de admisión y costos que me ayudarían en el proceso. Todo esto en el caso de que mi hija lograra sortear los complicados y siempre eficientes servicios de inteligencia alemanes.

Me fui, me subí a la micro, abrí el informativo, lo leí (no, no venía en alemán), y decía en resumen, lo siguiente:

•Bono de Incorporación: $ 1.880.000. (¡¿Qué?! Asumo que “Incorporación” debe significar “Matricula” en alemán) Examen de Admisión: $40.000 por alumno. (¡Eso cuesta la mensualidad de los colegios donde ya inscribí a mi hija!) •Valor Matricula: $390.000 (¿Qué?, Definitivamente, “incorporación” no era lo mismo que “Matricula”) •Colegiatura Anual: $3.750.000 en 10 cheques (¿Broma?) •Salidas Pedagógicas y fotos: $38.000, valor del 8vo Básico, el más caro (¿Otra broma?) •Útiles Escolares: $85.000, solo para Pre Kínder y Kinder (Más bromas) •Cuota Centro de Padres: $40.000 (Era el día de las bromas, no cabía duda) •Seguro de Escolaridad: $65.000 (Me está diciendo que con todo lo que tengo que pagar, ¿mi hija no está lo suficientemente segura en el colegio?)

Me fui de raja.

Es decir, que –dependiendo del curso de ingreso, obviamente– un año en este hermoso colegio significará a los padres desembolsar (dependiendo del año) aproximadamente, la no despreciable suma de $6.288.000 por cada año de estudio (con alzas anuales, obvio). Esto sitúa al Colegio Mariano de Schoenstatt, incluso, muy por sobre los aranceles de los colegios con mejores resultados en la PSU que de por sí, ya son ultra-caros: The Kent School, Colegio Cordillera de Las Condes, Tabancura y Los Andes (estos tres últimos de la red Opus Dei), Cambridge College, Alonso de Ercilla, Andrée English School, The Southern Cross School, Santiago College y otros de la misma calaña.

Si cree que estoy exagerando los montos, revise el documento con los costos, acá: http://bit.ly/2rTFf19 o vaya usted mismo al Colegio Mariano de Schoenstatt, y pida hablar con Eva Braun.



En la Imagen (de izquierda a derecha): Sor Teo, Sor Prendida, Sor Rita y Sor Ruda.
















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